Compromiso

[COLUMNA] El rol de las universidades en el impacto positivo de la inteligencia artificial para el desarrollo sostenible

Alfredo Estrada Director del Centro de Sostenibilidad de la Universidad de Lima

Las universidades son vehículos importantes en el proceso transformador de la sociedad actual, la cual ya es una sociedad digital que, de forma agresiva, genera información y datos que provocan cambios profundos y hasta dramáticos en las empresas, las personas y el planeta. Lo que conlleva a producir, muchas veces, aceleradamente, nuevas dinámicas sociales, culturales, económicas, y de generación y aplicación de conocimientos. Esto último justamente es lo que obliga a hablar de una redefinición de la forma en que la educación universitaria ha atendido las carencias de la sociedad, a través de la formación profesional, más aún cuando, en el último Reporte de desarrollo sostenible global 2023 de las Naciones Unidas [1], se señala que la formación y el conocimiento tienen que evolucionar para contribuir a la solución de las problemáticas del mundo, de forma que se amplíe su espectro hacia la sociedad, el planeta y la inclusión.

En este punto, parece pertinente reflexionar si en realidad las universidades son las que transforman a la sociedad o ellas, en el contexto actual, son las que en primer lugar deben ser transformadas. Y debiera ser así, puesto que estas, hoy, se enfrentan a desafíos generacionales en dos frentes. Primero, con los jóvenes, quienes requieren de un empoderamiento responsable con el fin de usar, por ejemplo, la inteligencia artificial para el impacto de empresas, gobierno y otros actores en la comunidad, de manera que se entienda que su uso ético contribuye a la innovación y al crecimiento de todos. Segundo, con los docentes. Dada la rapidez de los cambios en estas tecnologías, se pone a prueba la capacidad de reformulación de las estrategias de enseñanza con las que se puede llegar a los estudiantes efectivamente y lograr un aprendizaje con los impactos ya referidos. Es, pues, todo un desafío.

Se debe incluir en estas consideraciones que la industria de la inteligencia artificial va a una velocidad nunca antes vista. Esto lo señala el Índice de inteligencia artificial 2023 [2], publicado por Stanford University Human-Centered Artificial Intelligence, el cual indica que, hasta 2014, los modelos más representativos relacionados con el tema fueron publicados por la academia, en comparación con el 2022, en el cual hubo 32 modelos producidos por la industria y únicamente 3 fueron de origen académico. Este hecho se sustenta más incluso con los volúmenes de inversión privada que ocurren para desarrollar inteligencia artificial. Así, en los últimos 9 años, esta se ha incrementado 18 veces, según el mencionado índice.

Asimismo, se identifica una brecha importante y una oportunidad para repotenciar el rol de las universidades en este tema. En la actualidad, la inteligencia artificial contribuye de manera acelerada al desarrollo sostenible mediante su rol dentro de la investigación. Además, su uso apunta a la gestión inteligente del hidrógeno, la mejora de la eficiencia energética, la generación de nuevos anticuerpos, por citar algunos ejemplos de impactos positivos prometedores. El mismo índice [2] señala que, del total de publicaciones en revistas científicas del periodo 2010-2021 sobre el asunto, solamente el 2,66 % corresponde a América Latina y el Caribe.

Dicho esto, la inteligencia artificial será un instrumento estratégico para las universidades cuando sea usada para coadyuvar a las ambiciones de sostenibilidad que la sociedad tiene actualmente. Es necesario priorizar la enseñanza a todo el ecosistema educativo superior de habilidades enmarcadas en una sociedad digital, que cuente con un uso ético y razonable de datos que construyan entornos de aprendizajes responsables.

Se puede afirmar que, por más “no humana” que sea esta inteligencia, su relación con la sostenibilidad cuenta con un ambiente donde la persona es el fin. Por eso, se requiere incorporar perspectivas y fundamentos psicológicos y sociológicos que permitan entender la respuesta humana a estos nuevos escenarios de vida a los que nos enfrentamos; para determinar el grado de permeabilidad frente a estos escenarios.

Si miramos localmente, resulta interesante referir al Network Readiness Index 2022 [3], cuando formula el grado de preparación de los países para aprovechar los impactos positivos de la digitalización, ya que establece que el Perú pasó del puesto 134 al 78 en el 2022, con una puntuación de 46,41. El índice presenta tres fortalezas iniciales relacionadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible: el 3 (salud y bienestar); el 5 (igualdad de género), puntualmente en las metas relativas al incremento de igualdad de oportunidades económicas para las mujeres, y el 7 (energía asequible y no contaminante). Por otro lado, en lo que respecta a capital humano o al nivel de profesionalización en inteligencia artificial, el país no presenta puntuación.

En suma, queda claro que la academia debe buscar ser una protagonista innovadora en la construcción de capacidades que contribuyan con la sociedad digital y específicamente con la inteligencia artificial de impacto. Existen esfuerzos importantes, pero no suficientes, pues hay disparidad de acciones y resultados a nivel global, regional y local. Todo parte de un replanteamiento racional, eficiente y, lo más importante, ágil. El futuro es hoy.

[1] GSD Report 2023-Digital-Executive Summary.pdf (un.org)

[2] HAI_AI-Index-Report_2023.pdf (stanford.edu)

[3] Network Readiness Index-Benchmarking the Future of the Network Economy

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